Identidad Cultural y Cohesión Social 

 

                                                                      

 

  • No se puede pensar o hablar del ser humano sin remitirse a la  cultura e identidad cultural como fenómeno antropológico esencial en su función  social, emocional, psíquica,  valórica y como vehículo de adaptación y cohesión social.

 

  • Hablar de cultura e identidad cultural es tomar conciencia de la dignidad del ser humano y la obligatoriedad ineludible de poner todos los medios para desplegar todas sus potencialidades  de manera que éste  llegue a ser lo que está llamado a ser.

 

  • El trabajo sobre la identidad cultural y la pertenencia no es algo epidérmico, anecdótico, un lujo del cual se pueda prescindir, sino que tiene alcances antropológicos y valóricos profundos que impactan en la convivencia social y en el potencial de cohesión social, calidad de vida y felicidad de las personas.

 

  • En la medida que seamos capaces de ver en el otro una vinculación y sentir una identidad cultural y pertenencia común, será más fácil el desarrollo de valores como el respeto a la dignidad humana y a la solidaridad necesarias para que exista cohesión social en un país.

 

  • La pregunta por la  identidad cultural y su impacto en el fenómeno y problemática de la cohesión social,  se inscribe en el ámbito de una necesidad profundamente humana, urgente y contingente cuya respuesta  o al menos el esfuerzo por responderla, nos pone en posición de  reconocer al otro como un igual.

 

  • El sentirse parte de una comunidad o familia, abre espacios y favorece una actitud de legitimación del otro en su originalidad.

 

  • No se trata de reivindicar un patrimonio cultural único y petrificado  sino de reconocer que la cultura chilena es una trenza viva, en constante evolución, en la cual confluyen distintos legados y sensibilidades culturales conformando un todo identitario de gran riqueza para todos.  Cuando adquirimos esta conciencia estamos abiertos a preocupamos no sólo de nuestro propio desarrollo sino también del desarrollo de quién tenemos al lado.

 

  • Lo que somos hoy hunde sus raíces profundamente en el pasado, de ahí la necesidad  de dirigir la mirada hacia los orígenes en busca de las claves que nos permitan entender el hoy y articular un proyecto de país hacia el futuro.

 

  • El acto  de  reconocer todo aquello que nos une, con el ojo limpio, es una invitación a levantar, en forma colectiva, la mirada sobre lo que queremos para nuestro país y nuestra gente, teniendo como eje la dignidad de la persona y como objetivos su desarrollo material y espiritual.

 

  • La necesidad de  valorar la identidad cultural chilena, se inscribe también en un fenómeno   que está teniendo lugar en el mundo entero y que ha echado por tierra los apocalípticos pronósticos de los gurúes de turno. En efecto, en un principio se profetizó que el advenimiento de la internet  (globalización, redes sociales, etc,) arrasaría con la identidades locales generándose una estandarización de la cultura  y de la información.

 

  • La evidencia de la realidad probó todo lo contrario, es decir el exceso de información y estímulos que ha traído el mundo interconectado ha obligado a las naciones y grupos humanos a replegarse sobre sus raíces e identidades locales como único mecanismo para ser capaces de digerir el colosal el flujo de información cultural  que circula por la redes.

 

  • No es posible enfrentar el vértigo informativo que trae consigo  la internet mundializada sin preguntarse primero, quien soy yo, de donde vengo, y como me paro frente al mundo globalizado y esa pregunta solo es posible enfrentarla y responderla indagando y reconectándose con las pertenencias e identidades culturales propias.

 

  • Un país  consciente de su memoria e identidad cultural, de sus logros y dones es un país con mayor confianza, más seguridad y menos miedo para emprender y  tomar las responsabilidades  y no solamente los derechos- que implica el ser chileno.

 

                

       “ Las raíces fuertes permiten alzar el vuelo y comprometerse con el país, un  verdadero desafío ético.”

 

Gonzalo Sanchez Serano